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GENTE

1 de noviembre de 2022

LAS MEJORES HISTORIAS INSPIRADORAS.-

La historia real de Ramón Arroyo, un atleta que desafió su vida he inspiró la película 100 metros.-

Ramón Arroyo, un hombre al que le cambió su vida cuando se enteró que en un año no podría caminar.

Padecía esclerosis múltiple y al enterarse que no podría caminar en aproximadamente un año, decide arriesgar su vida y prepararse para realizar un desafío deportivo llamado Ironman.

Consiste en realizar 3800 metros de natación, 180 kilómetros en bicicleta y un maratón a pie. Una verdadera historia de superación y motivación. 

El español fue diagnosticado en 2004 y tras un largo período de incertidumbres, brotes y altibajos se prepara para correr el triatlón.

Trabajé muchos años como responsable comercial para diferentes áreas del mundo, en una multinacional española. Pero ese día la vida decidió darnos una sorpresa, continúa el ex empresario y ahora deportista semiprofesional.

Estaba con mi novia de vacaciones en Almería (en el sureste de España) en un lugar precioso con unas playas maravillosas de agua muy cristalina. Disfrutábamos de todo: hacer buceo, ir a la playa, cenas románticas… Pero ese día me encontraba bastante cansado y decidimos quedarnos en el apartamento. Yo fumaba y en un momento el cigarrillo se me cayó de la mano no una, sino un par de veces. Al mismo tiempo, cuando agarré la lata de gaseosa, mi mano comenzó a temblar. 48 horas después acabé con una hemiplejia de todo el lado derecho del cuerpo. No tenía capacidad de controlar ese sector. Apenas podía caminar”.

A mis 32 años estaba teniendo las primeras manifestaciones de una esclerosis múltiple (EM)”, relata Ramón sobre la enfermedad autoinmune y neurodegenerativa de causas desconocidas que ataca directamente a la mielina, una sustancia que envuelve a las fibras nerviosas provocando una mala comunicación y una interrupción en las señales eléctricas entre las neuronas.

Yo le di la espalda a la enfermedad durante tres años. No podía aceptarlo, no aceptaba vivir con la incertidumbre de qué podía pasarme. Con el temor de no saber cuándo iba a tener un brote ni qué tipo de recaída iba a tener.

Ramón Arroyo era de esos tipos que en cada comienzo de año se proponía empezar el gimnasio, pagaba el pase anual, pero que a los dos o tres meses terminaba abandonándolo por alguna razón. Sin embargo, al ser diagnosticado de EM, y tras sucumbir en la depresión, utilizó al deporte como una herramienta terapéutica para convivir con la enfermedad. “Lo que no sabía era que iba a llegar tan lejos”, asegura sorprendido el español que al día de hoy perdió la cuenta de las maratones y los medio Ironman en los que participó.

Su pasión por el atletismo surgió como producto de su instinto de superación: Comencé a trotar solo 100 metros porque fue la distancia que un médico me dijo que no sería capaz de alcanzar por la enfermedad y las lesiones que tenía en el cerebro. Lo logré, y poco a poco fui aumentando las distancias: de 100 a 200, medio km, 1 km, 2, 5, 10. Posteriormente decidí probar medias maratones y eso me llevó a probar con una maratón”.

El español apostó a más con una competencia que marcó un punto de inflexión en su vida: el Ironman del 2013 en Barcelona, una competencia que consistía de 42.2 kilómetros de maratón, 3.80 km de nado y 180 km de ciclismo.

Recuerdo ese día con mucha alegría y felicidad. El objetivo no era acabar la prueba sino haber llegado hasta allí con toda la preparación previa. Sentí mucha paz y satisfacción al llegar a la meta, recuerda Ramón, que en la película sobre su historia “100 metros” se pudo ver el emotivo momento en el que cruza la línea acompañado de su familia.

Ramón Arroyo 51 años: El deporte se convirtió en una parte vital de mi vida. Es curioso, pero en cierto modo soy un deportista profesional ya de viejo y con discapacidad.

 

 

 

 

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