OPINIÓN
18 de junio de 2026
LA VIDA.-
No es indiferencia, es filtro.
Es entender que no todo merece una reacción, y que tu paz no puede depender de que el océano deje de tener depredadores.
Vivimos sobreestimulados. Cada comentario, cada mensaje, cada mirada torcida puede sentirse como un ataque personal si no ponemos límites. Pero los límites no siempre son una discusión o un bloqueo. A veces el límite más radical es seguir nadando, tranquilo, con tu música puesta.
No se trata de volverse insensible. Se trata de volverse soberano. Tu salud mental, tu tiempo, tu energía, no son recursos públicos. No están ahí para que cualquiera los administre con un mensaje mal puesto o un gesto despectivo.
El tiburón seguirá ahí. Pero vos decidís si lo convertís en el protagonista de tu día, o si simplemente lo dejás pasar de largo mientras seguís tu camino.
Porque al final, enfermar tu vida no es algo que otros puedan hacerte. Es algo que solo vos podés permitir.