OPINIÓN
5 de junio de 2026
LA VIDA.-
Muchas veces esperamos que el tiempo haga el trabajo solo.
Que pasen los días, los meses, los años… y que el dolor desaparezca.
Pero el tiempo, por sí solo, no transforma nada si uno sigue atrapado en lo mismo.
Sanar también implica decidir qué hacer con ese tiempo.
A veces es animarse a mirar lo que duele en lugar de taparlo.
Otras veces es poner límites, cambiar hábitos, pedir ayuda, descansar, escribir, llorar, hablar, perdonar o aprender a soltar.
Hay heridas que no se curan porque pasaron muchos años,
sino porque en algún momento dejamos de huir de nosotros mismos.
El tiempo puede ser una cárcel…
o puede convertirse en un camino de transformación.
La diferencia está en cómo elegimos atravesarlo.
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