OPINIÓN
29 de agosto de 2025
SON TODOS IGUALES

Los sucesos de los últimos días marcan una tendencia. Desatada la sospecha de coimas, retornos o como quiera que se lo denomine, el abstencionismo se va a incrementar.
Aquella mayoría silenciosa, que habitualmente define una elección, esos a quienes se los denomina como “el sector del voto blando”, los que pueden votar una vez para un lado y después votar para el otro ¿Esta vez no serán de la partida?
Por Luis Giachino
Fuiste mi vida, fuiste mi pasión
Porque esa aglomeración tiene una composición heterogénea. No tiene una definición ideológica y no sienten identificación profunda con los candidatos. Se orientan más que nada por la intuición, por la confianza que el candidato les ha generado. Y por los motivos que los devenires de los días acarrean, han simplificado la lectura política diaria. Las carencias económicas, la carga de angustias y pesares, la inseguridad, las necesidades cada vez más insatisfechas de la familia, del estudio, el transporte público, de lo que se da en llamar “el metro cuadrado”; aquello que necesitan para habitar y cubrirse, no va dejando mucho espacio para los análisis políticos.
El panorama no lo alienta y tampoco hay motivaciones que lleven a despertar un interés para analizar los vaivenes de la política. Si solamente se definen por lo poco que ven, escuchan o perciben, lo poco que ven, escuchan o perciben, es más bien un panorama desalentador. Tal como están dadas las cosas, sean ciertos o no los audios y lo que los contenidos expresan, la poca confianza que todavía andaba dando vueltas ha sido pisoteada.
Pero como no hay pruebas de delito, los delitos son difusos o no hay voluntad de escarbar y encontrar, hasta ahora, nadie está imputado y nadie es procesado. Y la conclusión se nos ha hecho la respuesta sencilla… “Son todos iguales”.
Los descreídos de todo y de todos, motivos tendrán de sobra, pero en esa afirmación, todo indica que la tendencia es la ausencia a los comicios.
Tal vez, esa frase simple, “Son todos iguales” sea la síntesis de lo que se percibe en la atmósfera electoral. Esta frase tan usada, muchas veces como resignación y otras más, como justificación, es un signo de estos tiempos.
Como sociedad, hemos dejado de lado el análisis y nos hemos volcado a las sensaciones.
¿Qué me pedís que analice? Ya escuché, creí, confié. Y al final, los que vienen son iguales a los anteriores.
Esa respuesta, seguramente, ha llevado a esta mayoría silenciosa a la desilusión. Y, por ende, se ha perdido todo interés en lo que vaya más allá de los intereses de la subsistencia de la familia inmediata y el grupo cercano.
Y mientras en su subconsciente repiten a modo de mantra, “Son todos iguales”, seguramente, tienen deseos de que las cosas mejoren. Pero como no hay quien oriente el cambio, hasta ahí llegará la cosa. Este sector, el de aquellos que anteriormente votaron lo diferente para que cambie algo, ahora, tal vez no van a estar presentes.
Por el lado de los que sí están definidos políticamente, casi todo ha quedado concentrado en los sectores duros de cada espacio. Los que no están dispuestos a escuchar o debatir. “Es esto o el cataclismo”, afirman. Y cada uno está parado en una vereda que no acepta discrepancias.
Beso a beso me enamoré de ti
Mark Twain decía, “Ninguna cantidad de evidencia va a convencer a un necio“.
Esta realidad y este escenario, nos está exponiendo que va a ser una elección de nichos. De aquellos que están definidos. Definidos por la afirmativa o la negativa. Para que alguien gane, o para que alguien, no gane.
Ya lo hemos explicado, pero no está de más hacerlo nuevamente. Esos que “Son todos iguales”, se han aprovechado del desánimo y fomentan el ausentismo en las elecciones. Si había alguna posibilidad de poner voces disidentes en las legislaturas provinciales y el Congreso nacional, esas voces difícilmente van a llegar. Porque guste o no, los votos en blanco, los votos anulados, impugnados, o los ausentes, no cuentan al momento de determinar los porcentajes que corresponderán a cada sector. Y a la hora de determinar la cantidad de legisladores, solo cuentan los votos positivos. Por eso, nadie se preocupa mucho por incentivar la participación. Solo aquellos que juegan sin un nicho propio, las pequeñas estructuras que están intentando meterse en la partida y recibir algún apoyo de los desencantados, tratan de convencer a los indecisos.
Con el panorama que tenemos, la victoria va a estar en las manos de quien tenga mejor cuidado a su nicho. Aquellos que han sido empáticos y cercanos con los intereses de sus acólitos. Aquellos que dijeron lo que su público quería escuchar. Los que tengan mayor cantidad de convencidos. Los que hayan impuesto, en el tiempo, un discurso endulzador de los oídos que quieren escuchar eso que están escuchando. Cada sector ha centrado sus esfuerzos en alimentar a sus incondicionales.
Por eso, el desafío de las fuerzas políticas no está, en lo que puedan hacer a partir de ahora, sino en lo que han estado haciendo desde mucho tiempo antes.
Palo y a la bolsa
El desafío fue cuidar y ampliar a ese electorado fidelizado casi al nivel del necio seguidor.
Va a ser mucho más relevante ensanchar las diferencias con el “enemigo”, que cualquier campaña que se pueda elucubrar y pensar para convencer a los desilusionados. Y para mejor, no necesitan gastar dinero. O sí…
La suerte está echada y pronto se manifestará. El mundo sin ideales es desagradable. Nos gustaría tener a mano algo que sea digno de ser mostrado a los que van a venir. Que puedan decir orgullosos “Mirá lo que hizo mi abuelo”. “Mi vieja peleó por esto”. “Mis antepasados estuvieron ahí, poniendo el cuerpo”. No será este un momento memorable para nuestra historia cívica. Pero es el momento que nos toca.
Si usted es candidato de un partido sin nicho, no espere para este 2025 recibir ni el voto de sus vecinos. Tampoco el de la mayoría de sus parientes.
Las canciones de Charly García están llenas de frases que, muchas veces, hemos cantado sin comprender demasiado, o nos han pasado desapercibidas. Hasta que un día, como al pasar, nos damos cuenta del significado. Por ahí, en “Reloj de Plastilina”, una frase chiquita, nueve palabras, dice lo que estamos viendo y nos cuesta digerir. “Fui lo que creí, soy lo que está pasando”. Muchos años después, la comprensión nos ha caído como un baldazo de claridad.
Luis Giachino.