OPINIÓN
1 de agosto de 2025
LA VIDA.-
Cuentan que las nutrias descansan unidas, sujetándose entre sí… para no separarse.
Cuando el río se vuelve impredecible, cuando la corriente arrastra con fuerza, cuando cae la oscuridad…
Ellas se buscan.
Se aferran.
Y así, aunque todo a su alrededor se descontrole… permanecen juntas.
No hacen pactos grandilocuentes.
No hay promesas eternas.
Solo el compromiso diario de decir:
“Hoy, elijo quedarme contigo.”
Y eso basta.
Porque el amor verdadero no siempre grita…
A veces, simplemente permanece.
Las nutrias no discuten por quién tiene la razón.
No huyen cuando el agua se pone difícil.
Se acompañan. Se apoyan. Se cuidan.
Y cuando una cierra los ojos… la otra se convierte en su ancla.
Y cuando una ya no puede más… la otra no la suelta.
Así forjan su lazo:
Con detalles sencillos, pero persistentes.
Con dulzura. Con atención. Con constancia.
En un mundo donde muchos se rinden ante la primera tormenta,
ellas nos enseñan que hay vínculos que no se quiebran.
Que hay afectos que no hacen ruido, pero permanecen.
Porque a veces, no sabes quién realmente está contigo…
Hasta que todo empieza a tambalear.
Y ahí lo ves claro:
Quien te sostiene…
y quien te deja caer.
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