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13 de marzo de 2025
JUICIO POR LA MUERTE DE SILVIA CHÁVEZ CONCLUYEN LAS TESTIMONIALES, MAÑANA ALEGATOS
Con la reproducción de más pruebas y los últimos testigos en prestar declaración, el Juez Técnico Julio Bittar ordenó el cierre de la etapa de testimoniales y esta mañana pidieron declarar los imputados, Carina Domínguez y Mauricio Albornoz, ambos llegaron a la instancia de juicio encuadrados penalmente bajo la figura de homicidio simple.
A pedido de su defensa técnica y sin responder preguntas de la fiscalía y de la querella, prestó declaración la imputada Carina Domínguez. La mujer explicó ante el jurado popular. “Dimos con el departamento que le alquilamos a la señora Chávez preguntando a los vecinos, el contrato de alquiler lo firmó mi marido (Albornoz), él hizo los papeles y luego fuimos a cerrar el contrato y ahí la conocí”, comenzó relatando.
La mujer relató cómo transcurrieron sus días para la época en la que Silvia Chávez fue vista por última vez. “Una de mis hijas estaba dada de alta del hospital. Nos reunimos en el departamento que alquilábamos a Chávez a compartir una comida. Ese día no tuvimos ningún problema con la señora Chávez. Con el tiempo nos enteramos que había llamado al 911, pero la policía nunca vino ni nos tocó el timbre”, contó.
Consultada por el contacto que tenía con Chávez mientras vivió en el departamento que le alquilaba señaló: “la vi tres o cuatro veces. La primera vez, cuando entramos al departamento. En otra oportunidad me preguntó cómo estaba porque yo me había tropezado. Luego me contó que no se llevaba bien con su hermana y que había tenido problemas con su familia. En otra oportunidad me ofreció guardar las bicicletas en la despensa que ella tenía al lado del departamento porque ella estaba mal de salud y no la usaba”, dijo.
Consultada por cómo era Silvia, dijo: “era una persona muy cerrada, yo no la veía mucho, apenas cuando salía a comprar o a barrer la vereda. Era muy rara, a veces en la madrugada salía afuera prendiendo velas negras o rojas y nombraba a su hermana y a su marido, al que le tenía mucho miedo. Yo ahí le dije a mi marido que no quería que mi hijo jugara en el patio o estuviera cerca de la señora”.
Consultada por las escuchas en las que dialoga con su esposo Mauricio Albornoz explicó que cuando se lamentó “por qué no nos fuimos lejos” se refirió a un trabajo que le habrían ofrecido a su pareja fuera de Mendoza. “Del departamento que le alquilamos a Chávez nos fuimos porque nos quedaba incómodo y unos familiares habían desocupado una casa con más espacio. Yo ya había hablado con la señora y le dije que me iba a cambiar de casa y ella ya le había pedido a mi marido que desocupáramos la casa. El día de la mudanza guardamos las cosas y cuando llegó Mauricio subimos las cosas al flete y nos fuimos. No me llevé conservas de la despensa de la señora”, relató.
La palabra de Mauricio Albornoz
“No maté a nadie y no soy dueño de la vida de nadie. Cometí errores en el pasado, me equivoqué. No sé qué le pasó a la señora Chávez, yo no la maté. En todo este tiempo pasé por muchas cosas. Me duele no poder llevar a mi hijo a la escuela. Tenía un trabajo formal en donde no me hacía falta nada. Vi muy pocas veces a Chávez y nunca tuve problemas con ella. Es cierto que me pidieron irme del departamento, pero fue porque querían vender la casa”, comenzó diciéndole al jurado.
También se refirió a las pericias psicológicas que le fueron realizadas y cuyas conclusiones fueron ventiladas en el debate. “Si bien se dijo que soy una persona inestable y sacó sus conclusiones con sólo hacerme tres preguntas, el perito fue claro y también dijo que no soy un homicida” y agregó: “estoy detenido por esto desde noviembre de 2022, no me fui a ningún lado, no me negué a declarar en todo el proceso. Luego de un mes detenido recuperé mi libertad y no me fui a ningún lado, porque yo no maté a nadie. No me voy a hacer cargo de algo que no hice. Voy a pelear por mi inocencia”.
Las únicas preguntas que aceptó responder Albornoz fueron de su propio defensor –al igual que sucedió con Domínguez-. En ese contexto, el acusado contó acerca de aquella comida que la familia compartió la noche que Chávez llamó al 911. “Ese audio en el que la señora llama, no se escucha a una persona desesperada, sólo se escucha a alguien planteando una situación”, evaluó Albornoz.
Acerca de los dichos que habrían surgido en la cárcel, donde un interno declaró en sede judicial haber escuchado que Albornoz había quemado a Silvia Chávez dentro del casco de una heladera, el acusado dijo: “a ese interno lo conocí cuando le compré un televisor. El encargado del pabellón me contó lo que esa persona andaba diciendo. Lo cambiaron al otro día a otro pabellón en donde están todas las personas con beneficios y tienen más libertad”.
Por último, dijo: “no tengo idea de lo que pudo haber pasado con Silvia Chávez, no sé dónde está ni sé que le pudo haber pasado. Me gustaría saberlo. Y si la señora falleció, ojalá su familia pudiera despedirla como corresponde”.
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