2 de septiembre de 2024
TV color en ciernes y pasión: aquellos domingos de Lole Reutemann en la Fórmula 1 que volvió a traer Colapinto
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Argentina volvió a vibrar con un piloto en la Máxima luego de 23 años. Pero el impacto de Colapinto hizo recordar a lo que generaba Lole en las décadas del 70 y 80
All� fuimos y llev� ese antiguo malet�n lleno de pinzas y destornilladores, mientras �l trasladaba una caja. Retom� el trabajo y me pregunt� si hab�a podido ver la tele en colores, que llevaba menos de un mes en nuestro pa�s. Le respond� que no. Conocedor de mi pasi�n me dijo: ?�Te gustar�a verlo as� ma�ana a Reutemann??. El �s�! se escuch� en todo el barrio de Congreso. Entonces abri� la enorme caja y de ah�, con mucho esfuerzo, sac� el televisor en colores que mis viejos hab�an podido comprar. Tan asombrado como emocionado, observ� c�mo lo instalaba. Y la magia fue definitiva cuando aparecieron las primeras im�genes, a todo color. Sal� corriendo a abrazar a mis viejos, mientras Don �ngel me dec�a: ?Qui�n te dice que le traemos suerte y Lole gana ma�ana en M�naco?. Parece que no solo sab�a de televisores, sino que tambi�n ve�a el futuro, porque menos de 24 horas m�s tarde, el argentino se daba el gusto de volver a ser el triunfador de un gran premio, luego de un a�o y medio, en el siempre complejo trazado del principado.
No era (ni es) f�cil llegar hasta la F�rmula 1. Lole lo hizo y se encaram� entre los mejores durante una d�cada. Apenas un punto lo separ� de la gloria m�xima de ser campe�n del mundo, pero ya hab�a ganado los corazones de todos, corriendo en las mejores escuder�as del planeta, peleando palmo a palmo en cada circuito con monstruos como Emerson Fittipaldi o Niki Lauda. Primero en blanco y negro y m�s tarde en colores, nos pon�amos frente al televisor que nos tra�a su imagen a bordo del blanco Brabhan, la roja Ferrari, el negro Lotus o el verde y blanco Williams. Respetado por sus colegas, admirado por los fan�ticos del mundo entero, por aqu� hab�a algunos que lo tildaban de segund�n o tibio, a un tipo que iba a m�s de 200 kil�metros por hora?
Solo 14 d�as despu�s, el mundo de la F�rmula 1 desembarc� en Argentina, fecha cl�sica en el calendario, aunque nadie pod�a suponer que esa ser�a la �ltima, hasta el retorno en 1995. De sorpresa, mis abuelos maternos, con quienes compart�a muchas horas, me dijeron que hab�an sacado entradas para ir el s�bado al aut�dromo a ver las pruebas de clasificaci�n. Creo que estuve dos d�as sin dormir, pensando en que iba a estar cerca de esos maravillosos autos.
El viejo Dodge ?69 de mi abuelo Carlos enfil� hacia una zona desconocida para mis ojos. Llegamos con mucha antelaci�n y lo estacionamos en un predio enorme, lindante con el circuito. Nos instalamos en una tribuna situada en una de las curvas, que lentamente se fue llenando de gente. De pronto, a lo lejos, comenc� a percibir un sonido extra�o, como un rumor que se iba a acercando. Desde lo alto, pude observar c�mo ven�an los primeros autos, en una sensaci�n imposible de describir.Hasta que lleg� el momento. Ese que me emociona hasta el d�a de hoy. Me puse en puntas de pie porque supon�a que iba a venir �l y as� fue. Se me hace imposible describir la sensaci�n del instante en que, a lo lejos, divis� la silueta del Williams del Lole. Entre mis dos abuelos me alzaron para que lo vea mejor y, de paso, tocara el cielo con las manos. Obviamente fue una r�faga, pero la m�s maravillosa del mundo.
Reutemann domin� toda la temporada y era el m�s n�tido candidato a la corona, sacando muchos puntos de ventaja sobre el brasile�o Nelson Piquet. La diferencia se fue reduciendo a medida que llegaban los tramos decisivos, a tal punto que, al momento de la �ltima carrera, la distancia era de apenas una unidad. Esa competencia ser�a en el debutante circuito de Las Vegas, emplazado en las playas de estacionamiento del Cesar Palace.Reutemann solo corri� las dos primeras competencias del ?82 y dijo adi�s. Fue una sana decisi�n para �l, pero un vac�o tan grande como su talento para nosotros. La ilusi�n, esa que alent�bamos domingo tras domingo, se baj� del Williams. Y es la misma, que ahora, vuelve a subirse al mismo auto, de la mano de Franco Colapinto.
