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OPINIÓN

15 de octubre de 2026

DE LA CRISIS CULTURAL AL CHOQUE GEOPOLÍTICO: QUIÉN DISPUTA HOY OCCIDENTE

La polarización europea, la palestinización de sectores de la izquierda y el resurgimiento de las derechas latinoamericanas revelan una disputa que va mucho más allá de las urnas. En ese escenario, Argentina busca redefinir su posición .
internacional mediante su acercamiento a Estados Unidos e Israel.
Por el Dr. Javier Aruani

Europa: la crisis de un consenso

El avance de las derechas nacional-conservadoras en Europa no surgió de la nada. Las preocupaciones por la inmigración, la integración cultural, la seguridad y la pérdida de confianza en los partidos tradicionales alimentaron una reacción electoral que las élites no siempre supieron interpretar.

Eurostat registró aproximadamente 913.000 primeras solicitudes de asilo en la Unión Europea durante 2024. Las elecciones europeas de ese año confirmaron, además, el crecimiento de distintas fuerzas de derecha, aunque el centro proeuropeo conservó una mayoría parlamentaria.

El fenómeno exige algo más que consignas. Una democracia puede defender la diversidad y, al mismo tiempo, exigir el cumplimiento de sus leyes, la integración de quienes llegan y el respeto por sus instituciones. Confundir esas exigencias con xenofobia es una forma de clausurar el debate; convertir la preocupación por la seguridad en hostilidad contra comunidades enteras también lo es.

La crisis del progresismo europeo radica, en parte, en su dificultad para responder a demandas sociales que durante años fueron tratadas como políticamente incómodas. Cuando los ciudadanos perciben que sus inquietudes no encuentran representación, buscan alternativas. El crecimiento de las derechas es una de las expresiones de esa brecha.

La pregunta ya no es solamente quién gobierna Europa, sino qué modelo de convivencia están dispuestos a sostener sus sociedades.

América Latina: la disputa por el modelo de sociedad

En el Cono Sur, el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil en 2018 marcó un punto de inflexión. Su ascenso expresó el rechazo de una parte del electorado al sistema político tradicional y la demanda de respuestas frente a la corrupción, la inseguridad y el deterioro económico.

El bolsonarismo sobrevivió a su salida del poder, mientras Brasil continúa atravesado por una profunda polarización. En Argentina, Javier Milei encarna otra vertiente de la transformación: disciplina fiscal, desregulación económica, reducción del intervencionismo estatal y un alineamiento internacional explícito con Estados Unidos e Israel.

No todas las derechas son iguales ni todas sus políticas producen los mismos resultados. Pero comparten, con diferencias importantes, una impugnación a determinados consensos estatistas y progresistas.

El desafío consiste en demostrar que las propuestas de libertad económica y reforma del Estado pueden traducirse en crecimiento sostenible, inversión, empleo e instituciones previsibles. La ruptura con el pasado solo adquiere valor político duradero cuando produce resultados.

La palestinización de la izquierda: cuando la causa se convierte en dogma

Uno de los fenómenos más reveladores de los últimos años es la centralidad que la causa palestina adquirió dentro de determinados sectores de la izquierda occidental.

La solidaridad con la población palestina es legítima. La crítica a las decisiones del Gobierno israelí también lo es. Sin embargo, una cosa es defender derechos humanos y otra convertir un conflicto histórico en una explicación universal de la política, donde todo se reduce a la confrontación entre opresores y oprimidos.

En determinadas corrientes militantes, Palestina pasó a representar la lucha contra el imperialismo, el capitalismo y Occidente. Bajo esa interpretación, el conflicto se transforma en una identidad política que puede terminar subordinando la historia, las responsabilidades de los actores y la evaluación moral de sus conductas.

Francia ofrece un ejemplo documentado. En 2024, Le Monde analizó cómo La Francia Insumisa, el movimiento de Jean-Luc Mélenchon, convirtió la defensa de la causa palestina en una de sus principales marcas políticas. El posicionamiento generó controversias incluso dentro de la izquierda francesa, particularmente por la respuesta del partido a los ataques del 7 de octubre y su resistencia inicial a calificar a Hamás como organización terrorista. La disputa contribuyó a profundizar las divisiones entre fuerzas que hasta entonces compartían alianzas electorales.

El caso demuestra que la cuestión palestina no solo moviliza solidaridad internacional: también puede convertirse en un instrumento de diferenciación electoral y de construcción de identidad partidaria.

Las manifestaciones francesas, con una presencia muy visible de banderas palestinas, plantean otra pregunta: ¿qué expresa la elección de los símbolos en una movilización política? No basta con observar una bandera para concluir que existe rechazo a la identidad nacional, pero sí es legítimo examinar cómo determinados movimientos construyen sus prioridades, qué causas ocupan el centro de su discurso y cuáles quedan relegadas.

La contradicción se vuelve más profunda cuando sectores que reivindican el feminismo, el laicismo y los derechos de las minorías establecen convergencias con corrientes islamistas cuyas concepciones sobre esas libertades pueden ser radicalmente diferentes.

No se trata de afirmar que toda la izquierda apoya al islamismo ni que todo manifestante propalestino respalda a Hamás. Se trata de exigir coherencia a quienes presentan sus posiciones como una defensa universal de la emancipación.

Si los derechos de las mujeres, la libertad religiosa y la igualdad individual son principios universales, no pueden convertirse en cuestiones secundarias cuando entran en conflicto con una alianza política circunstancial.

Hamás y la prueba de la coherencia moral

La historia palestina no comienza el 7 de octubre de 2023. Incluye la creación del Estado de Israel en 1948, las guerras árabe-israelíes, el desplazamiento de población palestina, los intentos de negociación y las profundas divisiones políticas internas.

Hamás ganó las elecciones legislativas palestinas de 2006 y tomó por la fuerza el control de Gaza en 2007. Desde entonces ejerció allí el poder de facto. Sus ataques contra civiles israelíes y la toma de rehenes constituyen elementos centrales para comprender su estrategia y la violencia que ha marcado el conflicto.

Los asesinatos y secuestros perpetrados el 7 de octubre de 2023 no pueden justificarse como una forma legítima de emancipación. Tampoco la condena de esos crímenes autoriza a ignorar los derechos de la población palestina ni las obligaciones que corresponden a las partes en un conflicto armado.

La crítica política debe dirigirse a hechos concretos. Cuando dirigentes u organizaciones justifican ataques deliberados contra civiles, relativizan el terrorismo o celebran secuestros, corresponde exigir explicaciones y exponer sus declaraciones.

La misma exigencia vale para el antisemitismo, la discriminación contra los musulmanes y cualquier vulneración de los derechos humanos. La consistencia moral no consiste en condenar únicamente los abusos del adversario, sino también los de aquellos a quienes se considera aliados.

Argentina, Israel y Estados Unidos: una apuesta estratégica

En este escenario, el acercamiento del gobierno de Javier Milei a Estados Unidos e Israel expresa una redefinición de la inserción internacional argentina. La cooperación diplomática, económica, tecnológica y en materia de seguridad forma parte de una orientación que busca vincular al país con socios considerados estratégicos.

La expresión «triángulo de hierro» puede servir para describir políticamente esa convergencia entre Buenos Aires, Jerusalén y Washington, aunque no debe confundirse con la existencia de una alianza militar trilateral formal.

La apuesta plantea oportunidades, pero también obligaciones. Argentina necesita transformar sus alineamientos en inversiones, desarrollo tecnológico, comercio, seguridad y capacidad de influencia. La política exterior no puede medirse solamente por afinidades ideológicas: debe evaluarse por los intereses nacionales que consigue promover.

Convertirse en un referente internacional requiere estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica, instituciones sólidas y continuidad estratégica. Ningún país se convierte en faro por autoproclamación.

La disputa por el futuro de Occidente

La rivalidad entre Estados Unidos y China, la guerra de Rusia contra Ucrania, las tensiones de Oriente Medio y la polarización europea muestran que el orden internacional está cambiando. No necesariamente avanzamos hacia dos bloques cerrados, pero sí hacia una competencia más intensa por la influencia, los valores y las reglas de convivencia.

En ese escenario, la Argentina tiene la oportunidad de definir una posición propia. La libertad económica, la soberanía y las alianzas estratégicas pueden integrar un mismo proyecto, siempre que se traduzcan en resultados concretos.

La batalla por Occidente no se resolverá solamente en las urnas ni en los acuerdos diplomáticos. También se libra en las ideas y en la coherencia con que las sociedades defienden sus principios.

La pregunta decisiva es si las democracias podrán preservar la libertad, la seguridad y el pluralismo sin renunciar a su capacidad de defenderse, y si sus movimientos políticos estarán dispuestos a aplicar sus valores incluso cuando hacerlo contradiga sus propias alianzas.

Argentina puede aspirar a desempeñar un papel relevante en esa discusión. Para lograrlo, deberá demostrar que la libertad, la responsabilidad y la apertura al mundo pueden convertirse en prosperidad y en un proyecto nacional duradero.

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