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18 de julio de 2026
Roca, el prócer olvidado
Una reflexión histórica acerca de la figura del expresidente.
Por Gustavo Cairo Dip. Pro. de La libertad Avanza.
El 17 de Julio de 1843 nació en Tucumán, Julio Argentino Roca. Su padre, el Coronel José Segundo Roca, fue un destacado granadero de San Martín, que luchó contra el Imperio español en las batallas de Riobamba, Pichincha y Ayacucho y contra el Imperio del Brasil en Ituzaingó. Su madre, Agustina Paz explicó: "se llamará Julio por ser el mes glorioso y Argentino, porque confío en que sea como su padre, un fiel servidor de la patria".
Julio Argentino, siguiendo ese legado, comenzó muy joven una carrera militar brillante, que lo llevaría a ser ascendido a General a los 31 años. A los 16 años luchó en la batalla de Cepeda y a los 18 en la de Pavón, defendiendo a la Confederación Argentina, frente a la entonces rebelde provincia de Buenos Aires. Su destacada actuación como Teniente de Artillería, le valió el ascenso a Teniente Primero. Cuando estalló la Guerra del Paraguay, en 1865, marchó al frente junto a su padre y sus hermanos Marco y Celedonio. A la postre, sólo él sobreviviría.
En la victoria de Tuyutí, una tremenda batalla que duró seis horas, con más de 8.000 muertos, Roca fue ascendido a Sargento Mayor por su desempeño.
La derrota de Curupaytí, quizás la más dolorosa de la historia argentina, tuvo miles de jóvenes argentinos muertos intentando infructuosamente llegar a las trincheras paraguayas. De los quince jefes argentinos, seis murieron y ocho fueron heridos. Sólo el Mayor Roca resultó ileso. Su batallón, el Salta, quedó deshecho. El 60% del mismo quedó fuera de combate, con dos oficiales y treinta soldados muertos y 61 heridos.
El relato de Aurora Sanchez refleja su valentía en batalla: "El empuje de las tropas argentinas logró llegar hasta la línea de los abatíes pero no pudo cruzarla. El abanderado del Salta, había muerto a poco de iniciarse el avance, pero la bandera retomada por varios soldados llegó hasta la línea de avance donde quedó clavada entre los troncos. Al darse la orden de repliegue, Roca al ver que la bandera seguía sin moverse, se dirigió con su caballo a dar la orden al soldado para que regresara. Al comprobar que éste estaba muerto, la tomó en sus manos, miró de frente a la trinchera enemiga y apoyando el asta en su rodilla derecha, la hizo flamear en desafío. Tiró las riendas e inició el regreso al trote suave".
El General Garmendia describió: "Vi a la distancia que Roca salía solitario con una bandera despedazada; en torno de aquella gloriosa enseña reinaba el vacío de la tumba".
Terminada la guerra, defendió la institucionalidad de la República ante dos graves sublevaciones internas. En 1870, estalló una revolución en Entre Ríos, en la que fue asesinado el ex presidente Urquiza. El responsable del crimen, el general Ricardo López Jordán, se hizo proclamar gobernador y amenazaba extender la revuelta a Corrientes. El presidente Sarmiento, luego de varios intentos fallidos de sofocar la rebelión, dijo: "quiero que vaya Roca". Este, junto al 7mo de línea, remontó el río Paraná, descendiendo en Goya para juntarse con las fuerzas correntinas que estaban apostadas dando espaldas de la laguna de Ñaembé. Ante el peligroso avance de la vanguardia de López Jordan, Roca ordenó cargar a la bayoneta contra la infantería y artillería enemiga que se protegían en un palmar. La sorpresa por la intrepidez del ataque fue tal que puso en retirada a la vanguardia entrerriana, que no se pudo rehacer.
El gobernador correntino expresó en el parte de batalla: "poniéndose al frente de los batallones... al grito de "a la bayoneta", el intrépido Comandante Roca se lanzó con su cuerpo contra los cañones, apoderándose de ellos... López Jordán, se lanzó con el grueso a apoyarlos, con el resultado de ser envuelto en la dispersión de su propia vanguardia".
Roca, en su informe al presidente dijo: "...era vencer o morir...le dije al gobernador, si no atacamos, esto va a ser un desastre..., en esos momentos, la más pequeña vacilación hubiera importado la derrota". La revolución quedó terminada. Roca fue ascendido a coronel a los 26 años en el campo de batalla.
En 1874, Mitre lideró una revolución para impedir la asunción del electo presidente Avellaneda.

El general mitrista Arredondo, dominaba Córdoba y Cuyo, tras someter a sus gobernadores. El presidente envió al coronel Roca a sofocar la rebelión. En ese contexto se produjo la memorable batalla de Santa Rosa, al este de Mendoza. Arredondo, lo esperaba atrincherado con 4500 hombres entre el río Tunuyán y unos campos inundados que parecían intransitables. Roca, recordó los inexpugnables parapetos de Curupaytí. Entonces, simulando acampar para dar un ataque frontal al amanecer, flanqueó durante toda la noche con su ejército la posición de Arredondo, a través de los campos anegados, para sorprenderlo al amanecer por la retaguardia. A las 10 de la mañana, el combate estaba resuelto. Al momento de caer prisionero, Arredondo, estaba mirando con su catalejo el supuesto ataque por el frente que todavía esperaba. No podía creer que todo el ejército enemigo lo sorprendiera por la espalda.
El vencedor telegrafió al presidente Avellaneda comunicándole: "Mi distinguido amigo, ya está Ud. servido...acabo de hacer prisionero al general Arredondo, dentro de sus propias trincheras paraguayas". Este le contestó: "General Roca: Lo saludo a Ud. General de los Ejércitos de la República, sobre el campo de batalla". Había sido ascendido a General a los 31 años.
Fue designado en 1875 como Comandante de Frontera en Río Cuarto. Allí consolidó su convicción de que el país no podía tolerar fronteras interiores con las tribus araucanas, que habían ocupado la región pampeana y no reconocían la soberanía argentina.
"¿Frontera?-dijo. -No tiene razón de ser, no tratándose de naciones extrañas, puesto que para la República no hay otra frontera por el Oeste y por el Sur que las cumbres de los Andes y el Océano". "Nuestro propio decoro como pueblo nos obliga a someter cuanto antes, por la razón o por la fuerza, a un puñado de salvajes que destruyen nuestra principal riqueza y nos impiden ocupar en nombre de la ley y del progreso y de nuestra seguridad, los territorios más ricos y fértiles de la República".
Hasta la Campaña del Desierto de 1879, Argentina tenía ocupado sólo un tercio de su territorio actual. La fértil llanura pampeana no podía producir, pues era atacada en forma permanente por esas tribus provenientes de Chile, que se habían asentado unas décadas antes, a expensas de los tehuelches . Esto, ponía en riesgo la soberanía nacional sobre ese inmenso territorio, pues regía el principio "uti possidetis iuris" y nuestro país hasta entonces, no había ocupado esas tierras, que figuraban en los mapas internacionales como "terra incognita". Hasta un aventurero francés, Orélie Antoine de Tounens en 1860, osó proclamarse "rey de la Araucanía y la Patagonia".
La necesidad de solucionar este gravísimo problema fue compartida por todo el espectro político nacional a lo largo de la historia. Rosas y Facundo Quiroga lideraron la campaña de 1833. Mitre comandó varias fallidas incursiones militares y Sarmiento ocupó Choele Choele, sobre el río Negro y tuvo que replegarse ante la presión del cacique chileno Calfucurá.
El sistema de fortines descriptos en el Martín Fierro era vulnerado impunemente una y otra vez. Cuando el Ministro Alsina propuso la construcción de una zanja defensiva, Roca expuso públicamente su disidencia: "A mi juicio, el mejor sistema de concluir con los indios, es el de la guerra ofensiva, que es el mismo seguido por Rosas, que casi concluyó con ellos...Yo me comprometería, señor Ministro, ante este gobierno y ante el país, a dejar realizado esto que dejo expuesto, en dos años, uno para prepararme y otro para efectuarlo".
Cuando el presidente Avellaneda, lo convocó para asumir el Ministerio de Guerra en 1878, su primera acción fue invitar a los caciques rebeldes a someterse con sus tribus a las autoridades argentinas. Se les trataría con consideración y debían aproximarse a la línea, donde dispondrían de campos aptos para las faenas rurales y elementos para trabajar; sólo se les exigía que se comprometiesen a no dar más malones y reconocieran la soberanía argentina. Pocos aceptaron la propuesta.
Para enfrentar a los rebeldes, suprimió la artillería y las pesadas corazas de los soldados y ordenó a los jefes de frontera, tomar la ofensiva, ejecutando sorpresivos golpes de mano sobre las tolderías, con pequeños y agiles destacamentos, bien armados y montados. Era la misma táctica usada por los indios. El objetivo era conocer mejor el terreno, sus aguadas y rastrilladas y debilitar al enemigo, preparando la expedición al río Negro.
Em 1878, los coroneles Levalle, Villegas y Racedo marcharon contra las tribus de Namuncurá, Pincén y los ranqueles, respectivamente. Como resultado, se tomó prisioneros al caciques ranquel Epumer, al indómito Pincén, a Catriel, y obligó a huir a Namuncurá. Rescatando 150 cautivas. Tan sólo quedaban prófugos los caciques Namuncurá y el ranquel Baigorrita. Desde ese momento, no hubo más malones en Argentina. En sólo unos meses, Roca había empezado a resolver un problema que parecía de imposible solución.
Meses antes de emprender la Campaña del Desierto, Roca expresó ante el Congreso: "No hay argentino que no comprenda, en estos momentos en que somos agredidos por las pretensiones chilenas, que debemos tomar posesión real y efectiva de la Patagonia, empezando por llevar la población al río Negro".
Su arenga a las tropas, al momento de emprender la marcha el 16 de Abril de 1879 fue: "En esta campaña no se arma vuestro brazo por pasiones políticas o conquistar territorios de las naciones vecinas. Se arma para algo más grande y noble; para combatir por la seguridad y engrandecimiento de la Patria, por la vida y fortuna de millares de argentinos y aún por la redención de esos mismos salvajes que, por tantos años, han pesado como un flagelo en la riqueza y bienestar de la República".
Las instrucciones ordenaban expresamente: "respetar y dar toda clase de garantías a los habitantes en los parajes a recorrer y que acataran y se sometieran a la autoridad nacional". "Cualquier grupo de indios que se presentara en actitud pacífica, debía ser recibido y tratado con la humanidad que es debida a naciones civilizadas".
Muy lejos de ser un "genocidio" como algunos pretenden tergiversar, la campaña procuró ser lo más incruenta posible. Los caciques y sus tribus fueron ubicados en reservaciones. Namuncurá se rindió en 1883 y fue nombrado Coronel, reubicando a su tribu en Chimpay, sobre el río Negro. Sólo el ranquel Baigorrita, se negó a someterse y murió en combate. Un total de 1200 indios de lanza murieron luchando en esta campaña. Para tener mejor dimensión de los hechos, de los cientos de malones araucanos que hubo en esas décadas, sólo el de 1872 de Calfucurá sobre Alvear, 25 de Mayo y 9 de Julio, dejó 300 muertos y 500 cautivas y el malón de 1875 sobre Tandil, Azul, Tapalqué y Tres Arroyos, dejó sólo en Azul 400 vecinos asesinados y 500 cautivas. Un total de 1700 víctimas entre ambos. Miles de mujeres y niños raptados, penaban en las tolderías. Cientos de ellos pudieron ser rescatados durante esta campaña. La campaña de Rosas de 1833 tuvo 3200 indios muertos, casi el triple y dejó el problema subsistente.
El impacto económico que tuvo para el país la incorporación de estas tierras productivas fue enorme. Roberto Cortez Conde, en su libro El Progreso Argentino dice: "Esas 40 millones de hectáreas se obtuvieron en el centro y sur de Buenos Aires, toda la provincia de La Pampa, el sur de Santa Fe, sur de Córdoba, o sea, la mayor parte de lo que pasó a ser la zona productora más rica de la Argentina: la pampa húmeda".
Cuatro días después de que Roca izara la bandera argentina en la costa del río Negro, el diario La Tribuna de Buenos Aires, publicaba un título que resultaría premonitorio:
"La historia del General Roca se compone solamente de cuatro páginas brillantes: Curupaytí, que le hizo comandante; Naembé, que le hizo coronel; Santa Rosa, que le hizo general; y el Río Negro, que le hará presidente"
Como dijo en su arenga, llegar al río Negro era sólo la primera etapa. En 1881, ordenó al General Villegas a ocupar Neuquén y a la Armada fundar asentamientos en Rio Gallegos y Ushuaia. En 1884, mandó a ocupar la indómita región chaqueña. Entonces el Presidente dijo: "el Chaco entra ahora, con sus hermosos campos y bosques seculares, a ser posesión real y positiva de la Nación". "Nuestra bandera puede hoy atravesar como soberana desde el Cabo de Hornos hasta el Pilcomayo".
Se crearon entonces los territorios nacionales de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Chaco, Formosa y Misiones, que años más tarde se convertirían en nuevas provincias.
Su aporte a la institucionalidad nacional siguió con la resolución de la llamada " cuestión capital". Hasta entonces, el país no tenía Capital Federal y los presidentes eran meros "huéspedes" en Buenos Aires, que era la capital de la provincia homónima. Esto aparejaba que Buenos Aires manejara el puerto y la aduana, dejándose los recursos. Esta era la causa de las eternas luchas entre unitarios y federales. La solución no fue pacífica. Se enfrentaron el gobernador Tejedor y su ejército provincial, comandado por Mitre, contra el ejército nacional, al mando de Roca. Antes de la batalla, Roca escribió: "el espíritu localista da su última batalla contra la nacionalidad". La victoria de las fuerzas nacionales derivó en la capitalización de la ciudad de Buenos Aires y una distribución más equitativa de los recursos aduaneros. Para el historiador Ricardo Levene "sin disputa, la ley de capitalización ha sido el acontecimiento más importante en la historia política argentina después de la Revolución de Mayo y la organización constitucional".
La resolución del diferendo limítrofe con Chile, fue su mayor aporte a la soberanía nacional. La ocupación efectiva de la Patagonia le permitió conminar al país trasandino a firmar un tratado de límites en 1881, en el que se estableció la cordillera de los Andes como frontera divisoria entre ambas naciones. Antes de este tratado, el país trasandino tenía expresas y osadas pretensiones territoriales sobre la Patagonia, hostigando a quienes querían asentarse al sur del río Santa Cruz y pretendiendo someter a arbitraje la soberanía patagónica hasta el río Negro. Inclusive, había un alcalde chileno en Malbarco, al norte de Neuquén.
Roca había anticipado: "La Argentina sabe que la Patagonia es suya. Chile no discute esta posesión sino por forma. La República no cederá una legua de tierra en la Patagonia; no admitirá ni el arbitraje sobre este punto, y ninguna nación intentará turbar los establecimientos que allí funde".
No obstante la firma del tratado, una década después, volvió la tensión entre ambos países. La distinta interpretación de la fórmula "las cumbres más altas divisorias de aguas" que se había establecido para determinar el límite, generó una carrera armamentista, que casi termina en un conflicto armado.
Todos los ojos se posaron en Roca. Carlos Pellegrini declinó su candidatura a presidente diciendo: "Es preciso llevar a la presidencia a un gran político y a un gran general. Con Roca en la presidencia, en lugar de disparos de armas, oiremos el destapar de botellas de champagne, festejando nuestro arreglo definitivo con Chile".
Electo presidente nuevamente en 1898, Roca de la mano de sus sucesivos ministros de Guerra, Luis María Campos y Pablo Ricchieri, reorganizó el ejército, promulgó la ley de servicio militar obligatorio y reconstruyó el Regimiento de Granaderos a Caballo. Creó también el ministerio de Marina, a cargo del Comodoro Martín Rivadavia.
El presidente expresó sobre el diferendo limítrofe: "Chile no tirará un cañonazo para sostener un derecho que sabe que no tiene. El pueblo argentino quiere la paz, no ambiciona los bienes de nadie y se siente sobradamente fuerte para defender lo suyo". "Haremos una paz honrosa o la guerra como es debido"
La carrera armamentista desatada, lo llevó a expresarle al embajador de Chile:
"es preciso que sepan que si Chile compra un buque, nosotros compraremos dos".
El general hizo dos movidas estratégicas que ayudaron mucho a resolver la disputa territorial. Siendo que Chile consideraba a Brasil un aliado estratégico en caso de conflicto armado, Roca hizo una jugada magistral. Realizó una visita oficial a Brasil, siendo recibido con honores por su presidente, Campos Salles. Éste retribuyó el gesto, viajando a Argentina pocos meses después. Ambas visitas fueron muy exitosas. Un distinguido miembro de la delegación brasileña dijo: "Argentinos y brasileños acabamos de firmar un tratado sin cláusulas". Era la primera vez en la historia que los presidentes de ambos países se visitaban. Chile había perdido un aliado.
La segunda movida, fue proponerle al presidente de Chile Errázuriz un encuentro en Punta Arenas, sobre el estrecho de Magallanes. Los acorazados argentinos, comandados por el Comodoro Rivadavia, en lugar de entrar al estrecho de Magallanes desde el Atlántico, por orden de Roca, navegaron por el sinuoso canal de Beagle, llegando a Punta Arenas desde el oeste. Los almirantes chilenos, juzgaban imposible la navegación por los canales fueguinos. El presidente Errázuriz, volviendo de la primera conversación con el general Roca, les dijo a sus almirantes: "Vengo de pactar con el presidente argentino...Ustedes no tendrán nada que objetar, cuando hace un momento negaban la posibilidad de que sus naves viniesen por donde han venido". Esa lucidez estratégica había logrado la paz, posibilitando la firma de los Pactos de Mayo en 1902, que pusieron fin a la carrera armamentista y consolidaron los límites internacionales.
Otras tres acciones en defensa de la soberanía bajo su gobierno tuvieron gran significación.
En 1885 Roca hizo el primer reclamo a Inglaterra por la soberanía de Malvinas, incluyendo además a las islas en el mapa nacional.
En 1899 se incorporó formalmente a Argentina la Puna de Atacama, que el país había intercambiado con Bolivia por Tarija. Esa zona es actualmente, la parte argentina del "Triángulo del litio".
En 1903, ordenó establecer en la Antártida, la primera base permanente de un país en ese continente. Luego, lo imitaron otros países.
Hasta aquí, hemos descripto sus aportes a la Patria como militar. Como estadista, su contribución también fue enorme. Asumió su primera presidencia a los 37 años bajo el lema "Paz y Administración".
La transformación del país no tardó en llegar. Para los historiadores y economistas, su primer gobierno fue el comienzo de la Argentina moderna. Una etapa de 35 años en que Argentina se situó entre las naciones más desarrolladas del mundo. En materia educativa, la ley 1420 de educación primaria gratuita y obligatoria, fue revolucionaria, provocando la disminución abrupta del analfabetismo. La política migratoria llevó la población de menos de 2 millones de habitantes en 1869 a 8 millones en 1914. En el mismo período, las clases medias pasaron de representar un 14% a un 41%. Sus obras de salubridad, en cloacas y agua potable, acabaron con las mortales epidemias de cólera. La ciudad de Buenos Aires se convirtió en una urbe de vanguardia internacional. Las líneas férreas se multiplicaron por 10 entre sus dos gobiernos. Argentina, que antes de Roca, importaba trigo y sólo exportaba tasajo, se convirtió en el primer exportador de granos y carnes del mundo. La superficie total sembrada de granos y forrajes pasó de 340 mil hectáreas en 1875, a 6 millones en 1900 y a 20 millones en 1913.
Para finalizar, citaré un párrafo de una carta que el General Roca le envió a su primo Ezequiel Paz, cuatro días después de haber sido elegido por segunda vez presidente, que muestra la admiración por su padre, que había muerto treinta años antes:
"Pobre mi viejo...cuanta alegría hubiera experimentado, no digo por verme presidente por segunda vez en esta tierra donde es tan difícil mantenerse por mucho tiempo en la cureña, sino cuando fui general a los 31 años sobre el campo de batalla...Su alma de soldado se hubiera estremecido de satisfacción y contento".
Su vocación castrense lo acompañó hasta el final. Quienes lo visitaron los días previos a su muerte en 1914, lo encontraron con mapas desplegados, analizando las batallas de la primera guerra mundial.
Julio Argentino Roca fue el mayor estadista de la historia argentina y además, como militar, está en el podio de quienes más hicieron por nuestra soberanía nacional. Su reconocimiento es un acto de enorme justicia.