Sábado 7 de Febrero de 2026

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ACTUALIDAD

7 de febrero de 2026

Caso del exjuez federal Walter Bento y un estudio comparativo con la justicia en Estados Unidos: ¿Argentina light para los delincuentes?

La reciente condena del exjuez federal Walter Bento por corrupción ha reavivado el debate sobre la eficacia y la imparcialidad del sistema judicial argentino, en particular en comparación con su homólogo estadounidense. Las sentencias por delitos de guante blanco y delitos relacionados con la corrupción difieren significativamente entre ambos países, lo que plantea interrogantes sobre la proporcionalidad y la disuasión.
Por Ariel Alejandro Lareu Da Peña.

En Argentina, el marco legal establece rangos fijos para las penas de prisión, según lo dicta el Código Penal. Al evaluar las penas por múltiples delitos independientes, el sistema argentino emplea un principio de composición que busca producir una sentencia única en lugar de una suma aritmética de las penas individuales. La pena máxima de prisión para un autor que comete múltiples delitos independientes está limitada a 50 años, un límite que representa tanto un límite para la pena como un mecanismo para la justicia reformadora. Por ejemplo, si los delitos de Bento hubieran implicado múltiples cargos, la pena más severa —si bien podría lógicamente superar décadas— debe ajustarse a este límite regulatorio.

Además, el concepto argentino de "prisión perpetua" no equivale literalmente a una vida entera tras las rejas. Los convictos pueden solicitar la libertad condicional después de un período determinado, históricamente alrededor de 35 años, aunque reformas recientes han restringido controvertidamente esta posibilidad para delitos atroces, incluyendo homicidios con agravantes y delitos sexuales con resultado de muerte. Esta indulgencia contrasta marcadamente con las sentencias más severas que se observan en otras jurisdicciones, en particular en Estados Unidos.

Por el contrario, el sistema judicial estadounidense opera bajo principios marcadamente diferentes, en particular en lo que respecta a la acumulación de sentencias. La ley estadounidense permite a los jueces imponer sentencias consecutivas, lo que significa que un convicto podría cumplir múltiples sentencias una tras otra, una práctica que puede resultar en encarcelamientos extraordinariamente largos que exceden con creces la esperanza de vida humana. Cabe destacar que no existe una sentencia máxima federal similar al límite de 50 años de Argentina; En cambio, cada estado mantiene sus propias regulaciones, lo que contribuye a un mosaico de medidas punitivas que pueden conllevar penas de cientos, incluso miles, de años por delitos de cuello blanco. Este enfoque marcadamente punitivo refleja una intolerancia social hacia la corrupción que a menudo está ausente en el discurso argentino.

Además, el fenómeno de la cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional subraya una distinción crucial en la forma en que ambos sistemas legales consideran el potencial de rehabilitación. Estados Unidos lidera el mundo en el encarcelamiento de personas bajo estas sentencias, con el 83% de las cadenas perpetuas sin posibilidad de libertad condicional emitidas dentro de sus fronteras. En contraste, la Constitución argentina establece la resocialización como un objetivo fundamental del encarcelamiento, lo que genera un amplio debate sobre la viabilidad de las cadenas perpetuas sin posibilidad de reinserción social.

Las implicaciones de estas diferencias son profundas. Mientras que el enfoque argentino busca un equilibrio entre el castigo y la posibilidad de reinserción social, el sistema estadounidense enfatiza la retribución directa y la disuasión, a menudo en detrimento de los ideales rehabilitadores. A la luz del caso de Bento, Argentina debe considerar sus filosofías jurídicas, en particular cuando la opinión pública exige la rendición de cuentas de los funcionarios públicos involucrados en la corrupción. Esto plantea preguntas cruciales: ¿El modelo argentino disuade eficazmente la corrupción o necesita reformas para mejorar su capacidad punitiva?

En conclusión, el marco de sentencias en casos como el de Walter Bento ilustra disparidades fundamentales en el tratamiento de la corrupción y los delitos de guante blanco entre Argentina y Estados Unidos. El modelo argentino, con su énfasis en respuestas proporcionales y la posibilidad de rehabilitación, continúa generando importantes debates constitucionales, mientras que el paradigma estadounidense, caracterizado por sentencias extremas y una postura severa contra la corrupción, refleja una priorización social de la justicia punitiva sobre las posibilidades de rehabilitación. En definitiva, estos enfoques divergentes ponen de relieve una lucha continua por equilibrar la justicia, la disuasión y la humanidad en el ámbito del derecho penal.

Es lo que tenemos, no existe proporcionalidad entre los delitos y los daños causados a una sociedad, la corrupción y la delincuencia le ganan a la Republica y los ciudadanos cada vez mas invisibles. 

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