18 de septiembre de 2022
"Hay gente que tiene que elegir entre comprar comida o pagar el alquiler"
Comer en Brasil es una odisea, por lo menos para 33 millones de personas que sufren hambre. El regreso de la econom�a m�s grande de Am�rica Latina al Mapa del Hambre de la ONU, en un contexto de aumento de los precios de los alimentos y de la energ�a, hizo disparar la asistencia a los comedores p�blicos en la ciudad de San Pablo, la capital industrial y financiera del Brasil.
El centro hist�rico de Brasil ya no tiene tantos turistas sino que est� atascado de filas de personas en buscan de alimentos a cualquier hora.
"Lo que pasa es que hay gente que tiene que elegir entre comprar comida o pagar el alquiler", dijo a T�lam Cleo, una de las encargadas de organizar una de las cocinas de Bom Prato (Buen Plato), la red de comedores p�blicos que funciona desde 2000 en el estado de San Pablo, adonde se desayuna por 0,50 reales (13,66 pesos al cambio oficial) y se almuerza o cena por 1 real (27 pesos al cambio oficial), en virtud del subsidio provincial.
Bom Prato es una red de 94 restaurantes p�blicos en todo el estado de San Pablo que, desde 2019, se vio obligada a expandir su capacidad en 40%.
En el centro antiguo de San Pablo, en la calle del comercio popular 25 de Marzo, comienzan las filas, largas y concurridas aun bajo la lluvia d�bil, desde las 10.30. Son para comer un plato con arroz, porotos, ensalada, una fruta y un pedazo de carne.
Todos los mi�rcoles y s�bados, como esta vez, le toca a la famosa feijoada, comida t�pica brasile�a: un guisado de frijoles negros, cerdo y chorizos.
"Vengo todos los santos d�as", exclam� en la fila ante una pregunta de T�lam Robson Ribeiro, especialista en transporte de vigas para las obras del subterr�neo de la ciudad de San Pablo. Su trabajo le caus� una enfermedad en las manos y fue expulsado del mercado laboral y ahora cobra una m�nima pensi�n temporaria del INSS, el equivalente al ANSES en Brasil.
Robson, de 41 a�os, aprovecha su ida a la fila del comedor para vender Pa�oquitas, una suerte de pasta de man� parecida al Mantecol, y as� hacer alguna diferencia, juntar los reales necesarios para comer tres veces por d�a y poder pagar la pensi�n. Vive muy cerca, en una habitaci�n ubicada en lo que ya es casi una peque�a favela, una ocupaci�n irregular del espacio entre los edificios antiguos y derruidos del comercio popular mezclados con gente durmiendo en la calle.
Al mediod�a, en este comedor hay una fila de 1.500 personas para comer por un real. Seg�n Cleo, ya no hay s�lo personas en situaci�n de calle, cartoneros o adictos sin rumbo. "Vienen empleados de todo tipo, porque es cada vez m�s caro comer", coment�.
El restaurante tiene 86 sillas pl�sticas, distribuidas en mesas para cuatro personas. Hay un dispensador de agua del que cada uno puede servirse en vasitos pl�sticos. Despu�s de almorzar, cada comensal limpia su plato en un gran tacho de residuos: tira el vaso pl�stico y la servilleta de papel en otro y deja la bandeja con el plato vac�o y los cubiertos sobre un mostrador.
Parece una peregrinaci�n.
33 millones con hambre
Seg�n la red de entidades Penssan, en Brasil hay 33 millones de personas que sufren hambre, es decir, que no saben si van a comer cuando se despiertan, y otros 115 millones con alg�n tipo de inseguridad alimentaria, o sea, que tienen alg�n tipo de obst�culo en el presupuesto para adquirir los alimentos necesarios.
El Gobierno de Jair Bolsonaro ha expandido desde agosto hasta fin de a�o el auxilio de emergencia, un plan social que pas� de 400 reales (76 d�lares) a 600 reales (114 d�lares).
Iago tiene 25 a�os, vive en la principal plaza del centro de Sao Paulo, enfrente de la Catedral da S�, en una carpa. Forma parte de los 45.000 sin techo que viven en las calles de la mayor ciudad sudamericana, seg�n la Pastoral del Pueblo de la Calle de la Iglesia Cat�lica.
"Vengo a comer ac� cada vez que me duele la panza y no aguanto m�s del hambre. Pero vengo casi todos los d�as, a veces me arreglo con alg�n pan que me dan los amigos, pero si tengo el real para venir, vengo. Lavo alg�n parabrisas en una esquina y me dan el real para comer. Hago tr�mites para algunos comercios y con lo que gano como", cont� el joven.
Antes de la pandemia Iago trabajaba en una tienda, pero qued� desempleado, viviendo en una favela con su esposa e hija en Graja�, barrio de la periferia sur de la metropoli.
La mujer, record� el joven, lo ech� de casa porque todo lo que ten�a lo gastaba en la llamada "marihuana sint�tica" conocida como K2 o "spicy". "Es una mierda pero es dif�cil dejarla", agreg�.
El plato de feijoada es lo �nico que tendr� en el d�a. Si no logra obtener un real en un sem�foro, se pondr� en otras filas, de organizaciones no gubernamentales que distribuyen sopa por las noches.
El programa Bom Prato ofrece a los sin techo que se registran en la intendencia de las ciudades el plato en forma gratuita.
La elecciones
Pocos en la fila o dentro del comedor del restaurante quieren hablar de pol�tica, de las elecciones del 2 de octubre, en las que aparece como favorito el expresidente Luiz In�cio Lula da Silva (2003-2010), famoso mundialmente por haber implementado el Plan Hambre Cero, por delante del actual presidente Bolsonaro.En un pa�s sin paritarias ni aumento del salario m�nimo desde 2019 y desacostumbrado a la inflaci�n repentina, la canasta b�sica de alimentos aument� en el acumulado de 12 meses un 23,5 %, seg�n cifras oficiales del IBGE.
La inflaci�n de alimentos en general se ubic� en el 9,8% en agosto, mientras que la inflaci�n acumulada en 12 meses fue de 8,73%, m�s del doble de la meta del Banco Central.
En agosto y septiembre, Bolsonaro logr� su objetivo de que el �ndice oficial marcara una deflaci�n, sobre todo por la ca�da abrupta de los impuestos incluidos en el precio de los combustibles.
El salario m�nimo es de 1.212 reales, 230,70 d�lares. 40 millones lo reciben y m�s del 70% se va a la canasta b�sica de alimentos, seg�n informaciones del Senado.
M�s testimonios
Danilo, de 32 a�os, y F�bio, de 48 a�os, trabajan en una empresa de celulosa, son empleados registrados y se quejan de que la inflaci�n avanz� y los sueldos se estancaron desde 2019. Mientras, esperan para ingresar a comer en Bom Prato."El problema no es que el salario no aumente todos los a�os como antes, sino que el salario cada vez alcanza para menos cosas, hay que buscarse otras actividades para llegar a fin de mes. Entonces mientras esperamos que las cosas cambien a partir del a�o que viene, conviene venir a comer por 1 real cuando en un barcito el plato ejecutivo no cuesta menos de 25 reales (683 pesos al cambio oficial)", dijo F�bio a T�lam.
Para �l, "nadie se muere de hambre en San Pablo porque cada vez m�s hay organizaciones distribuyendo comida".
"Yo s� veo hambre", acot� Danilo, que votar� por Lula en estas elecciones. "En mi barrio hay gente que no cocina m�s con gas porque no puede comprar la garrafa".
A pocos metros, en la fila para comer feijoada, Ney Lopes da Silva, de 52 a�os, cont� a T�lam que iba por primera vez a comer al comedor del gobierno paulista y que su opci�n electoral es Bolsonaro.
"Vine a trabajar al centro y la verdad es que no me alcanza para comer un plato en un bar o un restaurante. Hay muchos problemas para comprar alimentos y la �nica soluci�n es la reelecci�n de Bolsonaro. Si gana Lula se meter� con el precio de los alimentos y habr� desabastecimiento", asegur� este vendedor de bolsas de polietileno que vive en la periferia de San Pablo.
Bom Prato
Creado en 2000 en la gesti�n del entonces gobernador Geraldo Alckmin, hoy candidato a vice de Lula, el Bom Prato es una de las pol�ticas p�blicas del estado de Sao Paulo defendidas por Rodrigo Garc�a, gobernador del Partido de la Social Democracia Brasile�a candidato a la reelecci�n."Este es un programa de seguridad alimentaria de referencia en Brasil. No hay otro igual, porque San Pablo, con crisis o sin crisis, garantiza el acceso barato al alimento. Es una soluci�n que debe ser acompa�ada de otros programas de inclusi�n productiva y renta. En momentos de crisis es esencial como plataforma para otros derechos", dijo a T�lam la secretaria de Desarrollo Social paulista, la economista Laura Muller Machado.
Unas voces en espa�ol rompen el silencio del restaurante. Son del ayudante de alba�il Jos� Losada, oriundo de T�chira, y de Gladys, de Caracas. Sin empleo fijo, dicen que est�n pensando en volver a Venezuela. "Todo est� muy caro, sobre todo la comida y las tarifas, ahora nos conviene volver", dijo la inmigrante.


