19 de agosto de 2024
Noches de glamour y boxeo: Monzón, Mantequilla Nápoles, Alain Delon, Cortázar, La Mary, el Lido de París y el champagne francés
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El auto vivió aquellas jornadas muy cerca de la comitiva argentina y hace una mirada retrospectiva de la novena defensa de la corona del santafesino. Delon, fallecido este domingo, resultó un protagonista estelar, y a partir de allí edificó una profunda amistad con Monzón
Lo que sucedi� despu�s fue que Monz�n le pidi� a Lectoure ? quien en la esquina le impidi� a Locche salir para el 10� asalto ? que por favor le hiciera la pelea con el tal Mantequilla. Para Monz�n, el extraordinario boxeador cubano radicado en M�xico, campe�n mundial de peso welter e �dolo en toda Latinoam�rica no le resultaba conocido; se dir�a que lo ignoraba.
Yo no sab�a entonces que el libro de la pel�cula ?La Mary? que Daniel Tinayre le hab�a dejado a Tito Lectoure para que apoyara el debut de Monz�n en el cine, tambi�n significar�a el lanzamiento de Susana Gim�nez como actriz. Y que la pasi�n entre ambos dar�a nacimiento a un c�lebre y tortuoso romance.
Tampoco sab�a que Alain Delon, acaso el m�s bello gal�n de la �poca, se asociar�a con el promotor italiano Rodolfo Sabbatini ?hasta entonces exclusivo representante de Monz�n en Europa- para iniciar su carrera como empresario de boxeo que deriv� en una entra�able amistad con Carlos. Tanto que hubo de visitarlo en la c�rcel de Las Flores (1993) mientras cumpl�a su condena por la muerte ? hoy femicidio- de Alicia Mu�iz. Por cierto que ya hab�a visto a Delon como espectador en la revancha contra Jean Claude Bouttier de quien era muy amigo y antes en Montecarlo para no perderse la Monz�n-Benvenuti II. Pero claro medio siglo atr�s, lejos estaba de suponer sobre la cercana amistad que habr�a de generarse entre ellos y todo el significante de aquella fr�a noche parisina.El camar�n era una casa rodante. All� adentro encontr� a todos los integrantes del equipo argentino dos horas antes del match. Monz�n estaba tirado en una camita mientras Brusa y el profesor Patricio Russo ? el P.F-, masajeaban a Norberto Rufino Cabrera en la cocina. Cabrerita y Gonzalito ?Daniel Gonz�lez- eran los sparrings y amigos de Monz�n, quienes generalmente combat�an en las peleas preliminares. La dimensi�n total no llegaba a los dos metros. Tito y Brusa -m�s de 1.85 cada cual - no pod�an estar juntos al mismo tiempo; uno de los dos deb�a salir cada tanto. Era notable ver c�mo Monz�n tomaba agua de una canilla en el coraz�n de la peque�a cocina. Por supuesto, no hab�a ducha y todo el ba�o lo compon�a un peque��simo recinto con lo m�s elemental. Estar all� dentro en v�speras de un campeonato del mundo resultaba tan extra�o que me llam� m�s la atenci�n la casa rodante que todo cuanto pudieran decir Cabrera, Monz�n o Gonzalito. Un calef�n a gas en un camar�n, m�s una cama por mesa de masajes, m�s una cocina como sala de precalentamiento, nunca lo hab�a visto. Y cuando los muchachos se pusieron a saltar para soltar los m�sculos, el ?camar�n? comenz� a moverse como si en cualquier momento alguien pusiera la primera y la casa rodante comenzara a desplazarse?
Bendiciones de la profesi�n poder vivir todo aquello y adem�s entre tanto glamour, tanto boxeador y tanto artista ?Jean Paul Belmondo, Ives Montand, Lino Ventura, entre otros- el privilegio de chocar con Julio Cort�zar. El c�lebre escritor, orgullo de la literatura de nuestro idioma, era fan�tico del boxeo. De hecho el autor de Torito sol�a pegarle a la bolsa de tanto en tanto y siempre sigui� al pugilismo con pasi�n. Acaso a Cort�zar le importar�an m�s las historias que los golpes. Y vaya si el boxeo y su universo las ofrec�a. De imponente presencia bajo un camper�n oscuro, un pantal�n de corderoy amarillento, borcegu�es sin brillo y una boina miliciana, Cort�zar tom� asiento en la fila tres y nunca dej� de pitar un cigarrillo de tabaco negro f�cilmente detectable por el fuerte aroma de su humo en el espacio cercano.
De hecho que tampoco sab�a 50 a�os atr�s que aquel combate lo inspirar�a a Cort�zar para escribir su famoso cuento ?La noche de Mantequilla? e incluirlo en su libro ?Alguien anda por ah�??. Era tal inter�s por la pelea, tan grande la expectativa que Cort�zar lo proyecta a un hecho policial s�lo factible en coincidencia con un evento que concita el inter�s generalizado.. Y lo comienza as�: ?Eran esas ideas que se le ocurr�an a Peralta, �l no daba mayores explicaciones a nadie pero esa vez se abri� un poco m�s y dijo que era como el cuento de la carta robada, Est�vez no entendi� al principio y se qued� mir�ndolo a la espera de m�s; Peralta se encogi� de hombros como quien renuncia a algo y le alcanz� la entrada para la pelea, Est�vez vio bien grande un n�mero 3 en rojo sobre fondo amarillo, y abajo 235; pero ya antes, c�mo no verlo con esas letras que saltaban a los ojos, Monz�n Vs. N�poles. La otra entrada se la har�an llegar a Walter. Despu�s de seis asaltos, se ve�a un Monz�n con gran dominio sobre su presa que luc�a sin vigor y casi indefenso ante la terrible andanada de golpes de todo calibre sobre su anatom�a ...?. El asiento 235 de la fila 3, se presume, era su propio asiento y desde all� se advirti� su espont�neo aplauso cuando el refer� le levant� el brazo a Monz�n mientras Mantequilla meneaba la cabeza exhausto en el banquillo de su esquina, como no entendiendo qu� es lo que le hab�a pasado.Ese final de nota lo escrib� para El Gr�fico de la siguiente manera:-Entonces mejor la paramos ? le contest� su segundo, por entonces tambi�n entrenador de Muhammad Ali.
Dundee llam� al refer� y le dijo que la pelea no segu�a. En el rinc�n de Carlos, en ese momento, no se dieron cuenta del hecho. Ni siquiera Monz�n, sentado y mirando de frente lo advirti�. Cuando son� la campana el refer� franc�s Raymond Baldeyrou no le permiti� a Monz�n salir de su esquina, luego lleg� hasta el centro del ring, corrobor� oficialmente que N�poles no sal�a y regresando al medio del cuadril�tero tom� el brazo derecho de Carlos y lo levant� en gesto de triunfo. El aire de Par�s parec�a m�s puro. Monz�n hab�a defendido por 9� vez su corona. Era invencible.
Tras el triunfo, aquella casa rodante pareci� moverse por la euforia y los abrazos. Todos festejaban menos dos se�ores con sobretodos negros y guantes de l�tex en sus manos exhibiendo los frasquitos en los que intentaban en que Monz�n orinara para las muestras del d�ping. En medio de la confusi�n, Alain Delon le dijo a Lectoure: ?Tito, lo antes posible en el Lido, por favor, que nos est�n esperando?. Lectoure le dijo a los se�ores ?vengan al Hotel Meridien, nos tenemos que ir?. La ducha y el cambio de ropa la realizamos en un suspiro. Cuando llegamos a la planta baja los dos se�ores de sobretodo negro y guantes de l�tex insisitieron con recoger la muestra de orina. Fue entonces cuando Tito Lectoure les dijo: ?Ahora vamos al Lido, esperen ac�, a la vuelta, a la vuelta?. Por cierto que los se�ores esperaron, pero vanamente, porque nunca Monz�n dio la muestra de su orina. Al regresar de la fiesta, fueron otros quienes orinaron en su lugar y por eso le sacaron la corona del CMB.
