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GENTE

31 de agosto de 2022

Lady Di, la "princesa del pueblo" que hizo temblar a la Corona británica

Figura excluyente de la monarquía europea durante dos décadas, Lady Di cuestionó los privilegios de la Corana británica, incluida la de su propia existencia. La soledad e indiferencia del Palacio la hizo caminar por al borde del abismo. La empatía con quienes viven fuera de él la condujo a una popularidad global sin precedentes. El acoso mediático la llevó a una muerte trágica con sólo 36 años.

Diana. Diana Frances Spencer. Diana, princesa de Gales. Lady Di. Una mujer que, como cualquier otra, fue muchas: aristócrata, filántropa, esposa, amante, madre; complaciente, revulsiva. Un cuento de hadas con final trágico. Un espejo bruñido que fue perdiendo brillo hasta estallar en el túnel del Puente de las Almas, en París, hace este miércoles veinticinco años. Ícono involuntario de una época. Que viva el rey. Que muera el rey.

El fin de la historia es conocido por todos. El 31 de agosto de 1997, Lady Di tenía 36 años. El auto en el que viajaba junto a su pareja, Dodi Al Fayed, se estrella en la capital francesa. Ambos pierden la vida. También Henri Paul, el conductor del automòvil, quien intentaba escapar del asedio de los paparazzi que acosaban a la princesa a sol y a sombra.

Desde entonces, la muerte de Diana está acompañada por renovadas teorías conspirativas y especulaciones de todo tipo, siempre redituables para buena parte de los medios de comuncación, que parecen no poder prescindir del encanto que aún despierta su figura. Después de todo, Lady Di se había convertido en un personaje global y popular. En el rostro más bello de la monarquía británica (y tal vez de la realeza toda) y también, en el más atroz. 

Tenía 16 años cuando conoció a Carlos, príncipe de Gales

Diana Spencer nació el 1 de julio de 1961 en el seno de una casa aristocrática, cuya rama paterna mantenía lazos históricos con la familia real. Su padre, John Spencer, tenía el título de conde y su madre, Frances Ruth Burke Roche, el de vizcondesa de Althorp.

Los Spencer tuvieron cinco hijos: Sarah, Jane, Charles, John (murió poco después de nacer) y Diana. Que esta última no haya sido varón, y negara a su padre un heredero, resultó traumático. Lady Althorp fue tratada en clínicas de Harley Street para determinar cuál era el “problema”. Esto resultó humillante y contribuyó a terminar con su matrimonio con Sir Roche, forjando el espíritu combativo de Diana.
Cuando el conde se volvió a casar, le arrebató a su ex mujer la custodia de la menor de sus hijas. Diana mantuvo una tensa relación con la pareja de su padre, Raine McCorquoadale, condesa de Dartmouth. A tal punto que la llamaba “matón” y, según la prensa británica, cierta vez se cansó de ella y la empujó por las escaleras. 

Desde muy joven Diana era incómoda. No se destacó en los estudios, aunque sí lo hizo en el piano y por su “espíritu comunitario”. Disfrutaba de la natación, el buceo, el ballet y el claqué. A los 18 años ya vivía junto a unas amigas en Londres, donde trabajó como niñera, anfitriona de fiestas y asistente en una guardería. Esto último no se condecía con su alcurnia.

En noviembre de 1977, con sólo 16 años, conoció a Carlos, príncipe de Gales, hijo mayor de la reina Isabel II y heredero de la Corona. Él ya había cumplido 29 y salía con Lady Sarah, la hermana mayor de Diana. Pero nada de eso le importó.
Una princesa nacional y popular Diana y Carlos se casaron el 29 de julio de 1981 en la Catedral de San Pablo de Londres. Se estima que 600.000 personas salieron a las calles de la capital británica para ver a la pareja ir rumbo a la boda y que 750 millones de espectadores siguieron la ceremonia por televisión.

Diana se convertía definitivamente en un ícono mediático. Por entonces era una figura de la moda y el símbolo de la belleza hegemónica. También era la primera vez que un miembro de la realeza se casaba con una mujer que había tenido un trabajo remunerado antes del enlace. El matrimonio tuvo dos hijos: Guillermo y Enrique.
La vieron llorar “de manera abierta”, sufrir depresión, bulimia. Un escándalo para la familia real, para la aristocracia toda. Cultores de la reserva y la discreción, de la privacidad y la hipocresía, lo que sucedía con la princesa era inaceptable. Y le pusieron etiquetas: “Diana es inestable; Diana está mentalmente desequilibrada”.

La depresión posparto, una vida aburrida y triste, la infidelidad y el desdén de su marido y el acoso mediático conformaban una combinación explosiva. “Bulimia desenfrenada, si es que se puede tener bulimia desenfrenada, y una sensación de no ser buena en nada y ser una inútil. Y desesperación... y fallar en todos los sentidos”. “Y con un marido que amaba a otra persona, sí”, dijo durante una histórica entrevista que le hizo la televisión británica en 1995.
El 23 de noviembre de 1995 Lady Di inició una visita de cuatro días a la Argentina. Ya estaba separada del príncipe Carlos, aunque el divorcio todavía estaba en camino. Acababa de causar un terremoto en su país. En una entrevista con la BBC lo había contado todo: la depresión, la bulimia, las autolesiones, la traición de su marido, la tristeza de vivir en la torre del Palacio.

Pero en la Argentina fue la princesa Diana que el mundo conocía. Jugó con niños en tratamiento contra la poliomielitis, visitó el Centro Nacional de Rehabilitación, estuvo con los chicos internados en el Hospital Garrahan y concurrió al Hospital de Oncología “Angel Roffo”; visitó Puerto Madryn y tomó el té con la comunidad galesa de Gaiman. Para escándalo de la realeza británica, no usó medias ni guantes, como exigía el protocolo.

Diana también sufrió acoso mediático en la Argentina. La revista Gente alquiló un departamento frente a la embajada británica y la fotografió envuelta en un toallón, mirando sorprendida hacia la cámara, recién salida de la pileta. La publicación puso la fotografía en tapa. El título: “Las fotos secretas”.

Pero no fue el único presagio de lo que ocurriría menos de dos años después. En el segundo día de su visita al país participó de un almuerzo en la Quinta Presidencial de Olivos, que encabezó el entonces presidente Carlos Menem, quien estuvo acompañado por su hija Zulemita. La hija del mandatario contó a la prensa que cuando Diana Spencer vio una foto de su hermano Carlos, muerto en un dudoso accidente aéreo a comienzos de ese mismo año, dijo: “Debe haber sido una buena persona. Dios siempre se lleva a los buenos antes”.

Dos años sería ella quien perdería la vida en un accidente que pudo haberse evitado.

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